| LA DANZA FINAL DE KALI
Recomiendo la lectura de un magnífico libro que acabo de leer: La Danza Final de Kali. Ésta es la Web del autor Los oscuros motivos e intenciones que mueven a los Amos del mundo. Toca todos Los palos con una profundidad admirable, sin que por ello se haga la lectura engorrosa o menos comprensible. Copio un fragmento del capítulo sobre la salud, aunque recomiendo encarecidamente leer el libro entero. Aquí se puede descargar. (Después de unos segundos, pulsar en regular download y luego en slow download). FRAGMENTO DEL CAPÍTULO Mientras la ciencia moderna se desarrollaba a lo largo del siglo XIX, la industrialización crecía de la mano de este desarrollo científico. Se trataba de la "era industrial": un nuevo paradigma de relación con la naturaleza. En el siglo XIX, la naturaleza deja de ser y crear; en el siglo XIX, la naturaleza "funciona" y "produce". Como materialización de ese funcionamiento y producción se encuentra la "máquina", como quinta esencia del paradigma industrial. A tal éxito llega la industrialización y sus máquinas, que éste influye en la percepción que el ser humano tiene de sí mismo. La comparación del cuerpo humano con una máquina se interpreta cada vez más adecuada. La "fisiología" estudia "el funcionamiento de la naturaleza". La "anatomía" estudia el cuerpo humano dividido y estructurado en "sistemas" (sistema nervioso…) y "aparatos" (aparato digestivo, aparato reproductor…). La misma medicina moderna se desarrolla con este mismo paradigma: el ser humano sano funciona y produce adecuadamente; el ser humano enfermo deja de funcionar y producir. Los términos industriales "funcionamiento" y "producción" están ligadísimos a otro: "utilidad". Así, la salud interesará a la medicina moderna en la medida en la que ésta hace que el ser humano se valore como útil. Es por ello, por lo que -incluso actualmente- a un enfermo se Le llama administrativamente "inválido", es decir, etimológicamente, "el que no vale". No es casual que Los primeros servicios médicos gubernamentales (Los prototipos de lo que más tarde sería la "sanidad pública") se aplicaran a trabajadores industriales, obreros siderúrgicos y mineros. Los primeros funcionarios públicos sanitarios (médicos, enfermeras…) decidían qué obrero estaba "sano" (es decir, cuál podía trabajar, podía funcionar, era "productivo"), y cuál no. En la era industrial, "saludable" es aquel hombre que puede trabajar, e incluso existe un proverbio común a diferentes lenguas europeas que ilustra todo esto: "trabajar es salud". Este es el contrato entre el poder político y la medicina moderna; y costará encontrar argumentos para asegurar que actualmente Las cláusulas de este contrato han cambiado mucho. Ante esto, Los actuales médicos y entusiastas progresistas dirán: "Ah, esto era en el siglo XIX… Ahora es diferente." Nosotros respondemos: Sí, en efecto; el concepto de salud del siglo XX cambió ligeramente… ¡de mal a peor! Si la salud es el estado propio, natural e inherente al ser humano, en el siglo XX este concepto será robado, apropiado, violado, comercializado y vendido por la industria al servicio de la fuerza infrahumana. ¿Qué ha hecho la modernidad con la salud? ¿Qué entienden Las máximas autoridades sanitarias por salud? ¿Cómo la definen? ¿Tienen incluso vergüenza para atreverse a Dar una definición? Sí, la tienen; he aquí su vergüenza: Concepto y definición de salud según la modernidad Parece innegable que al contemporáneo Le "preocupa" la salud: tiene seguros de salud, planes de salud, chequea su salud, hace cosas que Le han dicho que son "buenas" para la salud… El ciudadano moderno sólo puede vivir la salud como una "preocupación", como algo por lo que tener "cuidado" (en inglés, "health care"). Si al ciudadano medio sólo se Le permite preocuparse por la salud, ¿quién se ocupa entonces de esa salud? Los trabajadores (en inglés, "occupation") del área de la salud, Las "autoridades sanitarias", Los "profesionales" de la salud. ¿Dónde se autorizan estos profesionales? En la estructura universitaria (presentada en el Capítulo 9), la cual se apoya en la ciencia moderna. ¿Cuál es el valor de esta autoridad? Antes de responder a esta pregunta resultaría conveniente cuestionarse si esta autoridad sabría decir sobre qué tiene autoridad, en este caso, la "salud". La ONU dispone de una serie de plataformas -a cada cual más infame- que se encargan de áreas específicas de la política mundial: UNESCO (cultura y educación), UNICEF (infancia), FAO (alimentación), UNODC (drogas), FMI (economía)… Si la ONU aspira a representar una institución de gobernación mundial, estas plataformas serían una especie de distorsión extrapolada de la división ministerial del estado moderno. Una de estas plataformas sería la dedicada a la "salud", la "Organización Mundial de la Salud" (OMS), que antes de la Segunda Guerra Mundial, en la Sociedad de Las Naciones, se llamaba "Comité de Higiene". La palabra "higiene" tomó unas connotaciones un tanto macabras después de la Segunda Guerra Mundial, pues eugenistas (nazis y aliados) acostumbraban a utilizarla con mucha ligereza. Por lo tanto, si el "Comité de Higiene" de la SDN se convirtió en la "Organización Mundial de la Salud" de la ONU, resulta comprensible pensar que la "salud" de la OMS sea equivalente a la "higiene" de principios de siglo XX. No obstante, la misma OMS redactó una "definición" de lo que se supone que a partir de 1948 pasaron a "organizar": "Salud es el estado completo de bienestar físico, psíquico y social, además de la ausencia de todo tipo de enfermedad." La primera proposición ya nos dice que la OMS concibe la salud como un "bienestar", y resulta interesante comprobar que esta voz dé después nombre a uno de esos absurdos conceptos sociológicos: la "sociedad del bienestar". Pero sin duda es la segunda proposición de la definición la que más nos interesa: "además de la ausencia de todo tipo de enfermedad". ¿Qué necesidad hay de decir esto? ¿Es tan sólo una estupidez utilizar la palabra "enfermedad" para definir la "salud"? Imaginemos a alguien que dice con solemnidad que "la luz es lo que no se ve cuando hay oscuridad". ¿Estaríamos ante un idiota? Muy probablemente. Sin embargo, la máxima autoridad sanitaria de la modernidad necesita utilizar la "enfermedad" en la definición de lo que trata. ¿Por qué? Lo que requiere ser "organizado mundialmente" no es tanto la "salud" (que parece que nadie sabe decir qué es), sino las enfermedades. Son las enfermedades las que dan sentido a la existencia de una autoridad sanitaria; sin enfermedades, no habría salud que organizar, y no habría OMS, y no habría todo un Establishment sanitario enriqueciéndose a través de corporaciones farmacéuticas, ministerios de sanidad, universidades, ONG´s… ¿Por qué la profesión de médico moderno tiene un status social superior a un alfarero, un carpintero o un herrero? Porque la medicina moderna ha sido un gran colaborador en el proyecto de la modernidad, porque el poder político siempre ha contado con ella para sus planes, porque el sistema económico siempre ha cuidado y agradecido su utilidad. La medicina moderna –como el negocio que es- necesita de la enfermedad como el panadero necesita de harina. Si un negocio se optimiza hasta los límites alcanzados en el neoliberalismo que en pleno siglo XXI se pueden evaluar, se comprobará que el interés de la medicina moderna no sería curar, sino hacer la enfermedad crónica, permanente, o –al menos- siempre rentable. El "paciente" se convierte en "cliente" en el momento en el que paga dinero por un servicio médico. ¿Cuántas formas tiene un médico moderno de perder un cliente? Dos: la curación y la muerte. Por lo tanto, se evitarán las dos a cualquier precio. Los tratamientos tenderán a ser prolongados, las altas médicas tenderán a postergarse, y las enfermedades tenderán a hacerse crónicas. ¿Resulta difícil de digerir este concepto de "salud"? Imagínese el lector a un empresario que tiene un negocio de exterminio de ratas en una ciudad. Hay otras dos o tres empresas como la suya en la misma ciudad. Por lo tanto, hay que aplicarse a fondo en la eliminación de las ratas, pues la competencia es grande. El empresario se dedica a matar ratas, e intenta matarlas con eficacia. ¡Pero eso no quiere decir que sueñe con exterminar completamente a las ratas! ¡Eso sería una pesadilla y el fin del negocio! Entendiendo esto, resulta muy factible que si el empresario puede colaborar en la propagación de una plaga de ratas, él lo hará… Todo esto ilustra la importante materia que se aborda a continuación. La industria farmacéutica Como mayor exponente de esa comercialización de la salud al servicio de la optimación utilitarista de la enfermedad, nos encontramos a la industria farmacéutica (o quizá con más rigor, a las "industrias farmacéuticas"). La industria farmacéutica resulta ser una "industria", con un adjetivo calificativo que define cierta peculiaridad (es decir, es "farmacéutica"). No destacamos esta perogrullada por capricho: la industria farmacéutica es –pues ese es su nombre- una industria compañera del resto de industrias modernas (la industria automovilística, la industria bélica, la industria alimenticia…), que comparten una misma estructura de producción, unos mismos objetivos económicos, y una misma función social en la modernidad. No sólo eso compartirán con las otras corporaciones industriales: las familias y nombres propios que se encuentran actualmente en las directivas y juntas de accionistas de las corporaciones farmacéuticas, se encontrarán en organigramas de corporaciones de los más variado (bancarias, automóvil, telecomunicación, petroquímicas…). Pero, aun compartiendo muchas cosas con sus hermanas industriales, la industria farmacéutica tiene una curiosa característica: produce y comercializa fármacos que –en principio- pretenden mejorar la salud. ¿Ya sabemos qué salud es esa? ¿Tal vez la ya definida por la OMS? Esta peculiaridad tiene como consecuencia tres puntos a tener en cuenta: La industria farmacéutica se beneficia de una colaboración estatal traducida en suculentos fondos públicos que se invierten en la "buena causa" de una industria privada. El segundo punto –relacionado con este contrato entre farmacéuticas y poder político- es la gran influencia que estas han adquirido en política. (Por poner un ejemplo, al menos cinco de las mayores farmacéuticas norteamericanas estás presentes en el CFR). El tercer punto a tener en cuenta es que todo esto hace que la industria farmacéutica alcance volúmenes de beneficio astronómicos. El lucro neto de las farmacéuticas en 2004 se valoró en 550.000 millones de dólares USA, y en los últimos seis años, los ingresos de la industria crecen anualmente a un ritmo que oscila del 4% al 9%. Sólo la monstruosa Pfizer tuvo un beneficio de 11.360 millones de dólares (2004), y otras como GlaxoSmithKline o Merck le seguirían con cifras parecidas. ¡Vaya negocio esto de las drogas! ¡Vaya cantidades! ¿Qué industria es esta? La que produce y vende "salud" en pastillas, cápsulas, inyecciones, jarabes y supositorios. ¿Alguien adivina cuál es el origen de esta producción industrial? Origen moderno de la industria farmacéutica: Se puede enunciar con claridad: el origen de la industria farmacéutica es la Europa decimonónica, cuando algunos científicos hicieron las primeras síntesis químicas. En 1828, el químico alemán Friedrich Wöhler se proclamaba inventor de la síntesis química produciendo urea a través de un compuesto inorgánico, el cianato de amonio. Es decir, que el origen de la industria farmacéutica se encuentra en la producción artificial de algo que el ser humano siempre ha encontrado de forma natural en cantidades abundantes: el pis. Desde esa innovadora síntesis, laboratorios alemanes se lanzaron a la investigación farmacológica, dando a luz a los primeros fármacos sintéticos, principalmente analgésicos. El laboratorio Bayer produce en 1885, la acetofenidina, de la que posteriormente derivaría el paracetamol. Bayer también produce en 1889 el ácido acetilsalicílico (aspirina) que convertirán al laboratorio alemán en un gigante industrial que posteriormente pasará a llamarse IG Farben (y que participará activísimamente en la industria bélica). Resulta natural: ¿Cuándo encuentran las farmacéuticas un óptimo mercado potencial de enfermedad y dolor? Pues en la guerra. La Primera Guerra Mundial supone la primera gran revolución industrial farmacéutica: la investigación farmacológica se expande de Alemania, a Suiza, Bélgica, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Posteriormente se desarrollan los primeros fármacos anti-infecciones: IG Farben lanzan las sulfamidas, y una serie de laboratorios ingleses comienzan a fabricar la penicilina descubierta años atrás por Alexander Fleming. Howard Florey convence en 1940 a un laboratorio norteamericano para producir penicilina en cantidades masivas (tal y como si se prepararan para una guerra de proporciones inéditas): nace Pfizer, el laboratorio que se lucró produciendo penicilina para la Segunda Guerra Mundial y que –actualmente en 2010- es la corporación farmacéutica más potente del mundo. La Segunda Guerra Mundial (tal y como ocurrió con la eugenesia, la aviación, o con los medios de comunicación –Capítulo 13- ) resulta ser una alegre fiesta para la industria en general, y para la farmacéutica en particular: en cuatro años se inventa, se produce y se vende lo correspondiente a las anteriores cuatro décadas. Tras la Segunda Guerra Mundial, las grandes farmacéuticas se lanzan a una carrera de investigación y desarrollo: antibióticos, antihistamínicos, analgésicos, somníferos, psicotrópicos, anestésicos… Primeramente toda esta investigación se lleva a la práctica con animales con una estructura orgánica semejante a la humana (ratones, perros, simios…) Los ensayos con animales ya delatan la esquizofrenia de la investigación farmacéutica: una empresa que –en teoría- se propone erradicar la enfermedad y el dolor de un ser, produce enfermedad y dolor a otro ser como medio práctico. El despreciable progresista moderno responde a esto: "¡Se trata sólo de animales! ¡Y así se salvan muchas vidas!" Nosotros respondemos: Sí, son animales, y son precisamente esos y no otros, porque su sistema nervioso es prácticamente igual al humano. La propia ciencia moderna donde se apoyan estas investigaciones asegura que la capacidad de sentir dolor de un ratón o un mono, es la misma que la de un ser humano. Sus sistemas nerviosos son casi idénticos. Ellos lo saben, y usan esas semejanzas en sus investigaciones. La mera investigación con animales bastaría para desacreditar a toda la industria farmacéutica en su conjunto. Sin embargo, aún hay mucho más. Para que una droga pase del ratón de laboratorio al ciudadano, primero se harán unos ensayos sobre "pacientes voluntarios". Generalmente, esa voluntariedad tiene como base la desesperación, es decir, un enfermo se somete a ensayos farmacológicos porque no concibe otra vía de curarse y porque ignora todo sobre ese "ensayo" al que va a someterse. La industria farmacéutica se aprovecha de esta desesperación para probar drogas a través de sus "ensayos de doble ciego" en hospitales públicos y privados: a unos pacientes les dan la droga experimental y a otros les dan placebo; unos se curan, otros no se curan, otros se mueren… y las autoridades sanitarias hacen sus estadísticas que permitirán en última instancia que un medicamento salga al mercado o no. Pero incluso con estos ensayos en animales y humanos, se llegan a comercializar monstruosidades que después tienen que retirar del mercado legal. El prime caso de esta vergonzosa comercialización del horror fue la talidomina, un antidepresivo producido en los cincuenta por varios laboratorios alemanes. La talidomina hacía que toda mujer que tomara la droga, tuviera embarazos irregulares, con fetos deformes o amputados. El laboratorio alemán que creó esto, retiró el medicamento en cuanto se comprobaron las evidencias, intentó en la medida de lo posible destruir la información al respecto (sin mucho éxito, pues hoy en día este hecho está muy bien documentado), y continuó con su tarea y la de sus compañeros farmacéuticos: crear drogas y venderlas. Este desarrollo industrial encontró en la década de los ochenta la tercera gran revolución farmacológica: los agentes quirales. La investigación de vanguardia se centró en estos nuevos fármacos. Si en 1984 el 3% de las drogas producidas eran quirales, en 2009, este porcentaje subió a 77%. Esta revolución nos llevaría directos al momento presente, y al desarrollo de drogas de última generación que actúan profundamente en lo que la ciencia moderna identifica como el sistema nervioso central, en el "eje" (axis) del ser humano, en lo que fuentes tradicionales del tantrashastra identifica como "sushumna". La existencia de estas drogas suponen ser una desafiante amenaza a la cualidad humana: antidepresivos (fluoxetina, paroxetina…), psico-estimulantes (dexmetilfenidato, modafinil, MDMA…), hipnóticos (eszopiclona, tasimelteon…) Estas drogas y muchas otras nos llevan a la presentación de las seis grandes corporaciones industriales farmacéuticas del siglo XXI, pues los productores de semejante infierno tienen nombre y apellidos. El capítulo sigue con un listado pormenorizado de las grandes corporaciones farmacéuticas del siglo XXI y sus beneficios. Reitero mi recomendación de terminar de leer el capítulo y el libro entero.
Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento. Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense |






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